Pepe Arenzana

Historias de un Boniato Mecánico (A Clockwork Sweet Potatoe's Stories)

Un país poco imaginario

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El Capitán Turk Green explica el funcionamiento del portaaviones Theodore Roosevelt al ex ministro José Bono en mayo de 2005 (Foto: Sheldon Rowley )

El Capitán Turk Green explica el funcionamiento del portaaviones Theodore Roosevelt al ex ministro José Bono en mayo de 2005 (Foto: Sheldon Rowley )

(No creáis que este boniato  piensa dejar a medias el relato sobre “VÍCTIMAS, S.A.”, el concepto de la “ayuda humanitaria”, pero debo confesar que el boniato necesita tiempo para rehacerse después de hurgar en ese apestoso cubo de basura en el que a veces se le convierte la memoria.) 

Entretanto se le recompone el alma, el boniato no quiere dejar de compartir con sus lectores otras cosas. Esta vez es algo muy simple: se trata de un esbozo a lápiz y a mano alzada sobre de uno de los pueblos más sectarios, estúpidos, manipulados, olvidadizos e inconsecuentes que la Historia haya visto jamás a este lado del Mediterráneo. ¡Ojo!, hasta en el otro lado, entre Trípoli y Ciudad del Cabo, costaría trabajo encontrar algo tan digno de todos esos adjetivos juntos y complementarios de sí mismos. Veamos…
En los primeros meses de 2003, las encuestas señalaban que más de un 95% de los ciudadanos (¡y ciudadanas, faltaría más!) de ese país poco imaginario se oponía radicalmente a la llamada Guerra de Irak. No muchas certezas se tenían entonces sobre las sospechas de diversas fuentes que apuntaban a que Sadam Hussein podía disponer de armas de destrucción bacteriológica o de gases venenosos. Que es lo mismo que decir que no muchas certezas se tenían de que no las tuviera preparadas. Aun así, ya digo, las cifras de las encuestas en ese país superaban incluso a las de los tradicionalmente neutrales suizos embutidos en sus fieros trajes tiroleses e incluso a las de los aguerridos guardias vaticanos, tan dispuestos ellos en cualquier momento a desenfundar sus alabardas pontificias para terror del mundo. 

La fragata española navegó en un grupo de combate de "Libertad para Irak" según Estados Unidos

La fragata española navegó en un grupo de combate de “Libertad para Irak” según Estados Unidos

Ni por asomo, británicos, noruegos, suecos, daneses u holandeses lograban acercarse a la prodigiosa suma de oponentes en ese país de nuestros sueños en contra de una guerra. ¡Ni de coña! Y no era un NO a una guerra en concreto como la que se avecinaba por aquellos días, sino un NO A LA GUERRA, así, a lo bestia, en general, porque sí, porque nos lo dicta la conciencia (¿?), ¡hala!, no se sabe muy bien si como quien se opone a la ley de la gravitación universal o si como de repente Gandhi se hubiera reencarnado en el alma de una Nación que, por cierto, pronto se llenaría de nacioncillas estatutarias.
El caso es que allí estaban ellos, con los de siempre a la cabeza, incluido, ya entonces, un tal Willy Toledo, (¡cómo no!), un pacífico y pacifista procubano cuyo benéfico nuevo país de acogida jamás alentó una guerra ni participó en las temibles carnicerías artilleras de Cuito Canavale (Angola), en la desestabilización del antiguo Congo belga o en la monumental batalla del Ogadén (Etiopía), cuya columna de blindados soviéticos comandaba por entonces un desconocido y prestigioso general caribeño, de nombre Arnaldo Ochoa, que poco más tarde sería fusilado, tras juicio sumarísimo apestoso, por orden de ese pacifista excelso llamado Fidel Castro…
Pues bien, allí estaba él, el pacífico y pacifista de las trompetillas, al frente, sí, de millones y millones de ‘noes’ moralizadores, verticales como espadas, las calles a rebosar de concienciados y concienzudos ciudadanos, dispuestos a morir (se diría, pero no se crean nada de ese pueblo poco imaginario, se lo juro, amigos) por un adverbio de negación tan banal e inconsistente como tantas otras veces en el resto de su Historia.
Millones de vociferantes almas, cuya inmensa mayoría no habría sabido colocar Bagdad, Damasco, Bangkok o Nueva Delhi en un ‘mapa ciego’, portaban incluso banderas republicanas, como pudieran haber portado también las del Getafe FC, las de la Real Sociedad o las del Día Internacional contra el Cáncer.
Eran cientos de millares, un tsunami humano de caras compungidas, llorosas de clemencia o de indignación, acompañados de sus hijos con sus caritas de no entender qué hacía toda aquella gente fuera del parque de los columpios, mientras acusaban a los responsables de un Gobierno con bigote de cosas tales como ‘asesinos’, ‘genocidas’, ‘fascistas’, ‘comeniños’ o de viles explotadores del petróleo…, aunque ese año, dicho sea de paso, sin afán de arañar a nadie, salvo el de cagarme en la madre que parió tanta desvergüenza, y gracias a la aparente bonanza económica, el país había pulverizado, una vez más, las cifras de ventas de vehículos a gasolina de alta gama…

El pacifista Willy Toledo

El pacifista Willy Toledo

Todo pura y majestuosa coherencia de un pueblo famoso en el mundo entero por su tolerancia, por su facultad de entendimiento y por su sincera compasión hacia el prójimo desde mucho antes de 1931, cuando se empezaron a quemar conventos, a matar a seminaristas y a violar monjas (no por provocativas o excitantes en su vestimenta, sino sólo por serlo o vaya usted a saber, mejor no preguntar).
Ya digo, un pueblo famoso por una tolerancia contrastada que te jiñas, que nunca fue capaz de odiar jamás al diferente, ni al turdetano, ni al celta, ni al judío, ni al negro, ni al moro, ni al cristiano… Todo PAZ, ya digo. Una aldea como la de Astérix, pero siempre en nombre de la PAZ a lo largo de su Historia. Un pueblo que jamás realizó una escabechina de alfanjes y turbantes, que nunca arremetió a navajazo limpio contra los húsares y mamelucos de Napoleón, que jamás lapidó a las adúlteras ni tuvo la osadía de merendarse ni siquiera un cachito de judío en una hoguera, ni a ese pueblo (¡válgame San Pedro!) se le habría pasado por la imaginación asistir con sus bocadillos y los niños a la plaza pública para presenciar la cara de un hereje o de un disidente ardiendo. ¡Qué va! PAZ. Todo PAZ. Todo en nombre de la PAZ…
Una vez iniciada la contienda, el abyecto Gobierno de ese país envió, dentro de la Misión de Paz aprobada por tres resoluciones, tres, de la ONU (la 1441, la 1483 y la 1511), un barco-hospital de apoyo para auxiliar a los heridos en campaña, con todo su personal militar profesionalizado.
Dos años después, en mayo de 2005, ya con otro Gobierno presidido por un tipo cejialto y estulto como su sonrisa, pero aún enfrascados en la misma guerra, el país de la PAZ aplastante y vocinglera, incorporó, por primera vez en su Historia, una Fragata de ataque al contingente presidido por el portaaviones norteamericano Theodore Roosevelt. Lo hizo, ya digo, en mayo de 2005, a escondidas, en Norfolk (Virginia), sin pasar por las Cortes y con la presencia en el lugar de un ministro de Defensa llamado José Bono. Y no era una Fragata cualquiera, sino nada menos que la F-101 “Alvaro de Bazán”, la más moderna y poderosa máquina de guerra de su Flota, con 42 misiles a bordo y tecnología suficiente para endiñarle un cebollazo al faro de un vespino desde varios cientos de kms de distancia.
Pero para entonces, ¡ay!, el pueblo ya no clamaba por la Paz, sino que andaba en sus cuitas de siempre, ya se sabe: que si cortar el césped los fines de semana, que si cobrar una subvención para una peliculita intragable y sectaria sobre falangistas malos, curas onanistas y milicianas guapas, limpias y tetudas, que si acudir al sindicato a ver si han salido ya las listas de los adjudicatarios de un cursillo de formación para poder llevar las gambas a casa, que si ir a echarle de comer a las palomas (de la paz, por supuesto) en el parque… O sea, los arrumacos, el postureo, la soltura y el mamoneo. En fin, lo de siempre.
Lo más curioso de todo esto es que, una vez aplacadas la facinerosas huestes vocingleras de la Paz, apenas nueve meses después de que se produjera un cambio de Gobierno con monstruoso atentado terrorista de por medio, el Gobierno de aquel chavalote del talante (¡qué buen corazón el suyo, hermano! ¡Eso sí es un hombre generoso y no el Sagrado Corazón de Jesús!) aprobó un Real Decreto-Ley titulado “8/2004, de 5 de noviembre, sobre indemnizaciones a los participantes en operaciones internacionales de paz y seguridad”, en cuya memoria justificativa se mencionan las razones que aconsejaban indemnizar a los caídos en las diversas misiones militares de ese país en el extranjero durante los últimos años.
Allí se mencionan, entre otras, cómo no, las de Bosnia, Burundi o Sudán. Mas también un apartado en el que se añade con meridiana y silenciada claridad la justificación siguiente: “Abril 2003. Operación Libertad Iraquí en Irak. La participación española [vaya, ahora ya sabemos el nombre de aquel país poco imaginario], amparada por las Resoluciones 1441 (2002) y 1483 (2003) y 1511 (2003), se concretó el envío de dos diferentes tipos de unidades con la misión de ayuda humanitaria y restablecimiento de la seguridad”. Fin de la cita.
¡Ostras, Pedrín! De modo que según los líderes de los pancarteros de la vocingle y la trompetilla organizada hasta nueve meses antes, afirmaban ahora en un Decreto-Ley firmado por siete ministros (María Teresa Fernández de la Vega, Pedro Solbes, Miguel Ángel Moratinos, José Bono, José Antonio Alonso, Jesús Caldera y Jordi Sevilla) que la Operación Libertad de Irak estuvo avalada ¡hasta por tres Resoluciones de la ONU! Y que ello era motivo de que se incluyesen las correspondientes indemnizaciones para los familiares de los caídos por la Patria. ¡Cagüenlaputa, qué sorpresa!, diría Raffaella Carrá si hubiese nacido en Castro Urdiales y no en la fina Bolonia.
Con un Gobierno socialista, España participó en la primera guerra de Irak.
Con un Gobierno socialista, España participó y apoyó los bombardeos de Kosovo en la guerra de Yugoslavia, no autorizados por la ONU.
Con un Gobierno socialista el país poco imaginario participó más recientemente y de manera muy activa en el bombardeo de Libia.
Pero como diría José Mota: “¡No pasa ná! Porque si hay que ir se va, ¡pero ir pa ná es tontería…!”. Y lleva toda la razón, porque ir pa ná a semejantes sitios es, como dicen en mi pueblo, “una tontá”.
Un ‘poné’ muy sencillito para terminar la justificación de los adjetivos enunciados al comienzo y que este boniato cree mucho más que merecidos. A ver: si uno va a la guerra, coño, hay que ir con todos los avíos. Es el caso de aquella primera Guerra del Golfo, en 1990, apoyada hasta por la oposición de entonces en las Cortes. Nada de enviar un barquito-hospital para curar heridos. ¿Qué mierda de guerra es ésa, joé? Y nada de integrar a escondidas, sin decirle nada al Parlamento, la mejor Fragata de la Flota en el grupo aeronaval de ataque comandado por el Portaviones nuclear Theodore Roosevelt.
Allí, al mismo escenario, coaligados con la misma gente y con los pozos de petróleo ardiendo, enviamos en 1990, ¡con dos cojones!, la Fragata F-83 “Numancia”, esta vez con soldados de reemplazo no profesionales, o sea, reclutas a los que les pilló la mili por aquellos días en Ferrol o en Cartagena.
Ni un solo vocinglero de las trompetillas dijo nada. Las pancartas guardaditas. Las banderas republicanas apestando a naftalina en el baúl del abuelo. Y ni siquiera las chirriantes feministas, mirusté, dijeron ni esta carne es mía cuando el 24 de Diciembre de ese mismo año, Nochebuena, con la “Numancia” atracada en el puerto de Abu Dhabi, una rubia con dos tetas como dos obuses de T-54, llamada Marta Sánchez, subió a bordo de la susodicha nave embutida en un minivestido de cuero negro para animar a la parroquia marinera (ahora el vocinglerío era sólo de ellos, que casi se caen por la borda sólo por rozar las turgentes mallas choriceras de la cantora) y ofrecer a los muchachos un temazo cañí titulado “Soldados del Amor” para que los reclutas pudieran celebrar según los cánones carpetovetónicos del expatriado el Nacimiento del Niño Dios machacándose la breva a gusto entre las literas bajo la cubierta y con la asistencia impagable del sr. Ministro de Defensa, socialista por más señas, acompañado, ¡oh, mon Dieu!, de su santa esposa, con la que intercambiaba carantoñas, y de su descendencia. (Adjunto el ‘vidrio’, no se lo pierdan, de semejante muestra de machismo excelso ante el que el más vergonzante protofeminismo guardó un silencio sepulcral:

Ah, por cierto, en el Real Decreto-Ley 8/2004, de 5 de Noviembre (el que firmaron siete ministros del talante) en el apartado “Otras operaciones, no amparadas por Resoluciones Internacionales”, se incluye la Operación Golfo Pérsico en 1990 en apoyo a la primera guerra del Golfo con una fragata de la Armada Española.
¡Hay que joderse con el mono y qué saltos pega! O como decía mi amigo: “¡Hosti, tú, se comieron a los caníbales!”. ¡Qué país, compadres, qué país…!
(Amigos, claro está, entre las caritas de los pancarteros de 2003, cómo no, se encontraba nuestro TomTom favorito que nos guiará siempre por la buena senda lejos del capitalismo abyecto y despreciable, o sea, ¡Willy Toledo!)

omentarios

  1. En este país imaginario se producen unas lagunas de memoria como el mar Caspio. Nadie recuerda la primera guerra del Golfo, quizás porque había demasiados golfos en primera línea de mando. Me gusta este recordatorio que es ahora casi tan extraño y sorprendente como el recordatorio de nuestra primera comunión.

  2. Y las lagunas, maese, me parece que no fueron sólo de memoria, sino también de entendimiento. Y también lagunas enormes de falta de pudor de tanta gente que se manifestaba entonces con su pancarta, su carita compungida y simulando dignidad herida cuando, a la vista está, todo era mera politiquería trufada de mentiras descomunales. Pero, pasado el tiempo, ya se ve, les daba todo igual… Miseria, mucha miseria moral e intelectual.

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